Celos |
Al calor del fuego
bailan
los gitanos, el gitano joven, verde, verde aceitunao lo
mismo que un junco cimbrea la cintura, la gitana mira... y
un relumbre loco le brilla en los ojos como
calentura.
La fogata arde, los troncos fulguran y entre
el claro-oscuro que hacen las sombras, se mece un deseo los
ojos se cruzan.
-Búscame en el río al salir la luna, le
dice el gitano en susurro leve, en un grupo brusco que hace
su cintura.
Ya sale el lucero, mas grande que
nunca. -Ésa es mi estrella, le dice el gitano.
La
gitana mira, sonríe y lo duda.
Besando su boca, muy
quedo murmura:
-Cállate, mi bien, que nos van a oír; y
si nos oyeran mi Juan te mataba puesto que soy suya.
La
noche se llena de un rebrillo frío, helado... un frío de
muerte, el de los cuchillos.
La luna lo alumbra y un
grito en la noche la llena de ecos en la oscuridad, entre
la penumbra.
¡Qué pena! ¡Qué penita, madre, que me da
el gitano, tan verde, tan verde, tan aceitunao, ya no
bailará si no es en la tumba!
Por el altozano ya clarea
el día, y a la suave luz los tricornios brillan con un
brillo negro de frío y de miedo; pues en la mañana hasta el
sol se nubla.
Entremedias Juan camina despacio, ya no
tiene prisa pues que su gitana ya no estará nunca, que
junto a su amante le quitó la vida, puesto que era suya.
|
| Jazinta Nuño--1994 (c) |
|