Como avispas furiosas
caían los copos de nieve;
resbalaban por tu cara
se detenían en tus labios
y se fundían en tus dientes.
Lo mismo que mariposas,
locas, revoloteando.
A mí me parecen bellos
como las flores del nardo.
¡Hay que ver tu cara hermosa,
toda cubierta de nieve!
Parece un velo de novia
todo bordado en relieve.
Tu pelo negro y lustroso
salpicado con la nieve,
se va enjoyado y brillante
como si le hubieran hecho
un tocado de diamantes.
Y lo más bonito es
ese danzar de los copos
como blancas mariposas,
todas revoloteando
en un danza hermosa.
Y esa quietud y esa paz
que se hace cuando nieva,
todo se queda en sordina
como si nada existiera.
Sólo un aura de luz
blanca, brillante y hermosa,
y sólo el revoloteo de los copos
como avispas furiosas, locas,
que las lleva el viento
a estrellarse en tu cara
y bajar hasta tu boca.
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